Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta soledades. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta soledades. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de marzo de 2022

La soledad aguarda…


La soledad aguarda, paciente, su momento; se pasea sin prisas, manos a la espalda, con estudiada parsimonia, analizando distraídamente la trayectoria de cada paso, bordeando las afueras de cualquier felicidad compartida.  


Le gusta que la traten de amiga, aunque, comprende que asumir ese autoengaño necesita de una espera, de una aceptación paulatina con su ritmo y con sus tiempos; “Amiga soledad!” Lo ha oido tantas veces! Pero se deja querer; el oficio le ha enseñado a transformar la compasión en comprensión, incluso en fingida amistad reparadora donde encuentre, al fin, arraigo el desarraigo. 


Sabe cómo ir invadiendo rincones abatidos del alma: el silencio huérfano de la casa en penumbras con vestigios de olor a cirios y ecos sordos de agónica letanía de rosario; o una mano extendida que asoma su desespero a una esquina insospechada en cualquier calle sin nombre…

Es para ella como ir renaciendo pausadamente en cada ruptura, o entre los dedos que ya apenas se rozan en un adiós sin retorno; construyendo su reino sobre residuos de vida, a menudo en la antesala del partir ineludible hacia la nada. 





miércoles, 1 de marzo de 2017

Borro mi nombre


Borro mi nombre, y con él la posibilidad de ser definido. Así, libre de conjeturas, tengo al fin la oportunidad de mostrar lo que no finjo.


viernes, 1 de enero de 2016

jueves, 19 de noviembre de 2015

Ósmosis de almas gemelas atrapada en el círculo de la ausencia

<··· Ir a blog en galego



Todos los días son ayer, cuando, sin prisa, dueños del tiempo, desgranábamos la ansiedad en la ósmosis de la tarde hasta dar con las palabras que encajasen en el proyecto común de la conversación compartida, mientras los instantes se escurrían en hilera entre las copas de licor añejo; cuando no nos importaba guardar, tras las risas, las otras palabras, las incómodas, a la espera de un momento propicio indefinido.

Pero hoy... hoy de nuevo es ayer, y desenvuelvo las palabras proscritas guardadas en un hatillo; las acaricio y busco escucharlas una vez y otra más, aislado en el círculo de la imposibilidad y la evidencia, sumido en la perplejidad de la ausencia.

Hoy es ayer; siempre y para siempre será ayer; y las palabras, ayer impronunciadas, permanecen para siempre atrapadas en el hatillo de un tiempo perdido, como tesoros sin dueño; ese es el merecido castigo que intento paliar con el incierto placer de la nostalgia, en la angostura infinita de la tarde.


jueves, 20 de septiembre de 2012

Camino siempre hacia el horizonte


Camino siempre hacia el horizonte, pero ya olvidé si lo hago para llegar a él o para huir de él.

Sueño


Sueño,
y mi sueño es pequeño,
como yo mismo.
Y allá, a lo lejos,
está él, mi sueño,
y ya habito en él
para mitigar la espera.
Sueño!

Una nube 1


Una nube con forma de rey sedente y pose de Pensador rodiniano, avanza triste, consciente de su fugacidad. La Osa Mayor le mira con compasión.

domingo, 22 de julio de 2012

Hablo sólo

<··· Ir a blog en galego


Hablo sólo. Solo hablo.
Sólo hablo solo, sólo... solo!
Y en la ventana una flor, sólo, sola... aunque ya no.

©esar

viernes, 23 de marzo de 2012

Un mínimo hilo de luz dorada

<··· Ir a blog en galego

Un mínimo hilo de luz dorada del primer sol que se escurre por el resquicio de las persianas a medio abrir, inunda de sutil grandeza la casa en su soberbio silencio... Basta para mí con esto; el resto del mundo me asfixia.

martes, 20 de marzo de 2012

Olor de gases del escape de un autobús

<··· Ir a blog en galego

Olor de gases del escape de un autobús que arranca debajo de mi balcón, al amanecer...
¡Qué extraña es a veces la nostalgia!

lunes, 30 de enero de 2012

Carta a Carmen · 1 (esp.)


<··· Ir a blog en galego


Con el tiempo, la soledad ha ido reconvirtiéndose para mi en aliada imprescindible, en punto de fuga, en única alternativa, en causa y consecuencia; a veces agujero negro, otras isla-hogar; pero en todo caso compañera ineludible, matrimonio de conveniencia; cuna de los decires nunca verbalizados... (a no ser alguna palabra huérfana que se marchó súbitamente en una tarde amarilla de chicharras, estallando contra el techo antiguo de la niñez perdida; insospechada y desubicada).

Pero las palabras huérfanas no hacen montón. Ya se sabe que la locura sólo puede parapetarse detrás de las palabras organizadas en hilera, aunque no digan nada, pero por lo menos que parezca que lo intentan, sólo para mantener entretenidos a los curiosos. Mientras seas capaz de mantener las palabras en hilera estás a salvo, como un encantador de cobras. ¡Vete tú a explicarle a una cobra los secretos de una escala pentatónica!  A ella lo mismo le da, de hecho seguro que prefire mil veces balancearse indefinidamente al son del punji que escuchar una sola palabra del encantador. La erótica de la locura, o del discurso encriptado.

Por eso es que el desamparo anda siempre a las puertas, intentando coquetear con la soledad; pero mientras mantengamos nuestra disciplina de encantadores, incluso el propio desamparo se quedará embobado balanceándose sin ni siquiera vernos.

Luego están los amigos, y las amigas, que entran y salen, que se asoman, que te tocan suavemente con las yemas de los dedos, con el respeto con que ha de tratarse a cualquier ser ocupado en organizar sus palabras desparramadas en un rincón amarillo del silencio; con los amigos, intercambiamos locuras como si de cromos se tratase, porque con ellos las palabras no tienen necesidad de cuadrarse, pueden saltar y reir sin orden ni razón. Los amigos ni tan siquiera llaman a la puerta, basta con que traigan consigo una palabra huérfana, o una sonrisa, o un levísimo roce con la yema de un dedo.


NOTA: texto traducido del original en gallego (ver enlace en la parte superior de esta entrada)

lunes, 11 de julio de 2011