jueves, 19 de noviembre de 2015

Ósmosis de almas gemelas atrapada en el círculo de la ausencia

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Todos los días son ayer, cuando, sin prisa, dueños del tiempo, desgranábamos la ansiedad en la ósmosis de la tarde hasta dar con las palabras que encajasen en el proyecto común de la conversación compartida, mientras los instantes se escurrían en hilera entre las copas de licor añejo; cuando no nos importaba guardar, tras las risas, las otras palabras, las incómodas, a la espera de un momento propicio indefinido.

Pero hoy... hoy de nuevo es ayer, y desenvuelvo las palabras proscritas guardadas en un hatillo; las acaricio y busco escucharlas una vez y otra más, aislado en el círculo de la imposibilidad y la evidencia, sumido en la perplejidad de la ausencia.

Hoy es ayer; siempre y para siempre será ayer; y las palabras, ayer impronunciadas, permanecen para siempre atrapadas en el hatillo de un tiempo perdido, como tesoros sin dueño; ese es el merecido castigo que intento paliar con el incierto placer de la nostalgia, en la angostura infinita de la tarde.


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