Páginas

lunes, 18 de julio de 2011

La auténtica historia, el verdadero guion...

<··· Ir a blog en galego

La auténtica historia, el verdadero guion, no está en los realities ni en las peluquerías unisex, sino a pie de calle, en el mercado de abastos y detrás de cada puerta. ©esardelcano #frases

jueves, 14 de julio de 2011

No importa el tiempo, ni el método...



No importa el tiempo, ni el método empleado, ni siquiera lo que te costó conseguirlo; en la técnica de canto lo que cuenta es el objetivo alcanzado. ©esardelcano

La respiración durante el canto (I)

<···  Ver iste artigo en galego

·
Por César del Caño
·

La respiración (inspiración) durante el canto, si el pasaje lo permite, desde mi punto de vista debería realizarse por la nariz, con la barbilla absolutamente mórbida, mientras la parte posterior de la lengua tapona con suavidad la entrada de la cavidad faríngea.

Evidentemente valoro y respeto en su medida los métodos de las inspiraciones nasal (con boca cerrada) y bucal (con boca abierta).

En lo relativo a la primera, la inspiración nasal, posee a su favor el hecho de que nos predispone para una toma de consciencia de los resonadores paranasales; pero, a mi modo de ver tiene el inconveniente de contribuír al tensionamiento de la mandíbula justo en el momento preciso que deberíamos aprovechar para preparar la relajación de todo su entramado muscular.

Por lo que respecta a la segunda, la inspiración bucal, posee la ventaja de su rapidez y capacidad de conseguir más cantidad de aire en un corto espacio de tiempo; pero, en mi opinión, este tipo de inspiración va contra natura; me explico: el laboratorio que filtra el aire, privándole del posible frío exterior, polvo y potenciales agentes nocivos, se encuentra en la nariz; es por ello que considero que la realización de la inspiración bucal de forma reiterada expone a nuestro aparato respiratorio a un peligro real que los profesionales del canto no podemos permitirnos.

En lo que se refiere a este punto hay tantas teorías como profesores. No es mi voluntad debatir ni rebatir, la única intención de lo anteriormente expuesto es intentar ayudar al principiante, convencido de su efectividad contrastada en base a horas y horas de estudio metódico. En todo caso ha de ser el propio alumno quien, después de un trabajo pormenorizado bajo vigilancia, valore la viabilidad del recurso.

Durante el proceso del canto...

<··· Ver iste artigo en galego


Durante el proceso del canto, la sensación de relajación del diafragma, a la altura de la boca del estómago, debe ser constante y absoluta, constituyendo el epicentro en el que se sustentarán el equilibrio sostenido y el desbloqueo general del cuerpo. 
El  es sólo un músculo inspirador; durante la expiración ha de mantenerse relajado por completo.
Únicamente la realización metódica diaria de ejercicios respiratorios adecuados nos proporcionará con el tiempo esta consciencia. ©esardelcano

martes, 12 de julio de 2011

Hiroshi Kobayashi en el viaje sin retorno

<··· Ir a blog en galego


Hiroshi Kobayashi


  Buscando en Google el nombre de un viejo amigo a quien hacía tiempo que no veía, quizás con la intención de invitarle a esta red, me encontré de forma brutal e inesperada con la noticia de su muerte

  Hiroshi Kobaiashi (Kei para los amigos) estuvo conmigo desde mis comienzos en Barcelona; a las duras y a las maduras, en grandes auditorios o en pequeños centros cívicos, cuando se cobraba y cuando no.

  Participó activamente, como flautista, en el álbum Expreso Estrella durante horas y horas de compleja grabación.

  Generoso, leal, hospitalario, simpático, sensible; metódico, perfeccionista, profesional, exigente... son algunos de los apelativos que se me ocurren para referirme a este ser tan especial, y aún me quedo corto.

  Hiroshi Kobayashi fue uno de los pocos músicos, entre los muchos que conozco, capaz de transportar a primera vista cualquier partitura, por difícil que esta fuese, a cualquier tonalidad. Trabajar con él era un auténtico privilegio.

¡Va por ti, amigo, allá dónde quiera que estés!

Concierto en el Teatre de l'Aliança de Poble Nou (Barcelona)
Preparando los trastos antes de abrir el telón.
Marzo de 1987

Concierto en La Cova del Drac (Barcelona), para Radio 3 (RNE)
Diciembre de 1984



NOTA:
Artículo publicado en Netlog el día 20 de enero de 2011 y trasladado posteriormente a esta ubicación actual.

Círculos (relato)

<··· Ir a blog en galego

Obra ganadora del
VII Certamen Literario S. Xurxo, y del
V Certamen de narrativa Castelao
(CGB)

 
·
Por César del Caño
·


   Empapado en sudor, emergí violentamente de lo que parecía haber sido un horrible sueño, y me encontré semiincorporado en una de las numerosas camas de una habitación de hospital. Dispuestas éstas en dos hileras, permitían un pasillo central que culminaba su largo discurrir en una alta puerta de dos hojas, muy al fondo. Las paredes, con su blanquísima altura, soportaban el alto techo sumamente iluminado por infinidad de focos de luz indi­recta, semejando una gran pantalla que iluminara el salón con su blancura. Las camas con su blanca soledad- Blanco... blan­co... Incluso el pijama que me habían puesto era blanco. ¿Y mis manos?... No, mis manos, conservaban su color semitostado; respiré aliviado. ¡El pijama que me habían puesto!, pero «¿quién?, ¿quién?». Grité estas palabras, que resonaron en el salón con un estrépito desusado, y que parecían haber salido de detrás de mí, como si hubiesen sido pronunciadas por otra persona situada a mi espalda. Iba ya a girar la cabeza, cuando descubrí algo en lo que hasta entonces no había reparado: bajo la sábana de la cama de enfrente, al otro lado del pasillo, distinguí claramente un bulto que pareció moverse en el mo­mento de producirse mi extraño grito.

      -«¿Quién hay ahí?», dije. Y de nuevo mi voz pareció sonar a mi espalda. Una vez más iba a intentar girar la cabeza, cuando el bulto comenzó a moverse, ya sin lugar a dudas. A medida que iba estirándose en la cama, fui comprobando que se trata­ba de una forma humana, al mismo tiempo que ciertos gruñi­dos inconexos provenían de allí. Poco a poco el bulto fue de­sembarazándose de la sábana que le cubría, hasta quedar in­corporado en su cama, de la misma forma que yo en la mía. El terror hizo, de pronto, presa de mi: el que estaba sentado sobre aquella cama, ¡era yo mismo!, tal vez, eso sí, un poco más del­gado... Su sobresalto no fue inferior al mío: Sus ojos parecieron salírsele de sus órbitas cuando tomó consciencia de mi pre­sencia; luego comenzó a inspeccionar la estancia con la mira­da, cargado de una felina expresión de alarma, retornando ha­cia mí sus ojos de forma intermitente, como el que no quiere perder de vista a un enemigo peligroso. De nuevo recuperó su postura inicial, o sea, la mía, clavando definitivamente en mí su mirada escrutadora, al tiempo que se oyó, al fondo, un tenue chirrido, producido por la puerta al abrirse. Los dos nos gira­mos a un tiempo, para ver entrar a una pareja que cerraba ahora la puerta tras de sí, acompañada de su chirrido característico, esta vez invertido. ¿Doctor y enfermera? El sonido de sus pa­sos avanzando hacia nosotros, resonaba en las altas paredes con un lejano taconeo que fue incrementando su volumen a medida que se hacían más perceptibles sus rostros, dejando de sonar en el momento en que se detenían frente a mi cama.

      -«Veo que se ha despertado ya, mi querido amigo». Dijo él, animosamente, luciendo una sonrisa de satisfacción. «¿Cuán­to hace de esto?»

      -«Unos veinte minutos. Oiga!. ¿dónde estoy?» La voz volvió a sonar a mi espalda.

      -«Anote la hora, enfermera», ordenó él, sin hacer caso de mi pregunta.

      -«Sí, doctor. Comprobaré el ritmo cardiaco y el nivel de glu­cosa. »

     -«Por favor, le he hecho una pregunta», apremié, reprimien­do en lo posible la tensión que me invadía interiormente.

      -«Todo a su debido tiempo. De momento tan sólo le con­viene saber que ha sido usted internado a causa de un... lamen­table accidente, en el cual ha perdido uno de sus miembros vi­tales, y que en este momento, dicho miembro se halla en ma­nos de científicos de toda solvencia profesional, que están lle­vando a cabo un trabajo de restauración que será considerado como histórico en el campo de la futura traumatología.»

      -«¿Un miembro?» Comencé a palparme todo el cuerpo, lle­gando incluso a retirar el resto de la sábana, dejando al descu­bierto mis pies. «¿Cuál?»

      -«Su cabeza, amigo mío.»

   Mis manos se dirigieron lenta y temblorosamente hacia su objetivo, de forma automática, y se tocaron palma con palma en el lugar donde debiera haber estado mi cabeza. ¡No estaba!

      -«Me estoy imaginando su cara, amigo mío, pero no sufra, no hay posibilidad alguna de error en el trabajo de nuestros científicos.»

   Posé las manos sobre mi cuello seccionado, y noté algo así como infinidad de numerosas y finas mangueras que partían de aquél, ¿hacia dónde? Sin dejar de asir mi nuevo hallazgo, gi­ré la vista a mi espalda...

      -«Su cerebro se halla al final de todos esos conductos que parten de su cuello, en el interior de la computadora. Ha tenido que ser extraído de su protección craneal por razones de segu­ridad. Debido a algún tipo de incompatibilidad que todavía no hemos logrado determinar, sus recuerdos se hallan en este momento ocultos a su capacidad de percepción; pero es segu­ro que recuperará usted la memoria en el momento en que le sea reimplantada su cabeza. De esta forma evitamos los nume­rosos problemas que, sin lugar a dudas, se originarían de serle reimplantada antes del laborioso trabajo de restauración. Ha sido un verdadero milagro que el celebro no resultara dañado.»

   El trozo de pared que se encontraba detrás de mí cama, pre­sentaba todo el aspecto de una gran computadora, en la que penetraba lo que ahora distinguía como delgadas mangueras, cables y resortes, que se agitaban frenéticamente.

      -«¿Eso es mi cerebro actual?», conseguí preguntar.

      -«Si usted desea denominarlo así...»

     -«Pero yo... yo le estoy viendo», dije, confuso y abatido. «Y le estoy oyendo, y le estoy hablando...» (la voz a mi espalda).

      -«Esto se ha conseguido por medio de un transportador de imagen y otro de sonido. Un ingenio destinado a conservar su noción del espacio que ocupa. En cuanto a la voz... ésta re­quiere de un procedimiento más complejo, por lo que, dada la premura de la operación, hemos decidido prescindir de este detalle.»

   De repente recordé a mi compañero:

      -«¿Y él?, ¿qué hace ahí? ¡Tiene mi cara!»

    -«Se trata de una imagen creada artificialmente a modo de espejo. Una moderna terapia para contrarrestar el shock.»

      -«¿Y ustedes?, ustedes no se reflejan.»

      -«Se desechó también ese detalle por considerarlo innece­sario.»

      -«Pero él se ha incorporado en la cama más tarde que yo.»

   -«¿Ah, sí?..-» Pareció reflexionar. «Posiblemente algún fallo en el sincronizador de imagen. Enfermera, avise que envíen a alguien de mantenimiento.»

   Una fuerte sensación de abandono e impotencia fue adue­ñándose de todo mi ser hasta provocarme un dolor de cabeza que iba en aumento por momentos: levanté la mano instintiva­mente, y de nuevo me sobresaltó el vacío sobre mis hombros. Me agite con sumo desasosiego y sentí inmensas ganas de llo­rar, pero las lágrimas no llegaron a materializarse. Levanté la vista y vi la mirada del doctor parada en algún punto perdido, donde él imaginaba que debían estar mis ojos.

      -«Doctor, la frecuencia cardiaca está aumentando peligro­samente.» Observó la enfermera, dejando a un lado el block de notas y manipulando botones.

   Me deje caer de espaldas en la cama, abatido.

      -«Se ha desmayado.» Yo no hice nada para sacarles de su error, de momento parecían carecer del medio para averiguarlo.

      -«Enfermera, adminístrele un somnífero antes de que re­cobre el conocimiento.»

      -«Enseguida, doctor. Iré a por él.» La enfermera se alejó pa­sillo abajo hasta franquear la puerta. El doctor giró sobre sus talones y se dirigió hacia la imagen del espejo imaginario... ¿Espejo? ¡Estaba hablando con mi imagen!

      -«No cree, doctor que merezco una explicación.» Dijo mi doble con cierta impaciencia en sus palabras.  
     
      -«Comprobado su cuadro clínico, no veo que haya el menor inconveniente:... Se halla usted en posesión de una personali­dad completamente diferente a la suya primitiva, gracias al espléndido trabajo realizado por nuestros eminentes científi­cos, que han conseguido llevar a cabo con total éxito el trans­plante de la cabeza de su compañero de viaje...»

      -«¿Me quiere decir que... eso, es Juan?»

      -«Exacto.» Un sudor frío empezó a recorrer mi cuerpo.

      -«O sea que yo... ¿Quién soy yo?», preguntó mi doble.

      -«Es usted su propio cuerpo con la cabeza de él.»

      -«Pero esto es... es...»

      -«Dése por satisfecho, amigo mío», cortó el director, ele­vando el tono de voz por primera vez. «Su cabeza y su cerebro han quedado totalmente destrozados, a causa del impacto de las dos vagonetas, siendo del todo impensable su posible re­cuperación. Lo que pretendíamos comprobar eran precisamen­te las posibles incompatibilidades que pudieran haber surgido a raíz de un transplante de este tipo. Tiene usted suerte de po­der ver la luz del sol con sus propios ojos.»

      -«¿Y Juan?, ¿Qué pasa con él? Lo de su cerebro entonces es pura farsa.»

      -«Por supuesto es artificial. En realidad toda la computado­ra es su cerebro. Nuestros conocimientos actuales no nos per­miten todavía condensar esa gran mole sobre sus hombros y darle apariencia humana. Habrá que esperar. Mientras tanto, no podemos arriesgarnos a ponerle al corriente de la verdadera realidad, podría complicar las cosas en gran medida.»

   Comencé a sentir algo parecido a una náusea y ganas de vo­mitar, en el momento en que oí los pasos dé la enfermera acer­cándose con el somnífero. Mi corazón latía con una fuerza tal, que yo mismo podía oírlo. De alguna parte de la computadora —salía una respiración agitada como si fuese otro el que la pro­vocara­

      -«Se está despertando, doctor.»

      -«¡Pronto!, el somnífero.»

   Noté como la aguja se clavaba en mi brazo, al tiempo que, fuera de mí, me incorporaba en la cama emitiendo un alarido que se-fue perdiendo en lejanos ecos. Fue así como, empapa­do en sudor, emergí violentamente de lo que parecía haber si­do un horrible sueño, y me encontré súbitamente semiincorpo­rado en una de las numerosas camas de una gran habitación de hospital.

Un 'Beatle' en Barcelona

Por César del Caño
Vieiros, diario digital (03/12/2006)
·

   El pasado día 23 me dirigí al Palau núm. 1, de la Fira de Barcelona en Montjuïc, en el que se estaba celebrando el II Saló del Llibre de Barcelona. Junto con la entrada, asequible dónde las haya (2 €), recibo dos libretos, uno con la relación de expositores y el otro con la agenda de actividades. Camino al mismo tiempo que ojeo el segundo: no tengo muchas opciones pues son ya las 19:10 y el cierre de puertas está previsto para las 20:30, pero de repente atrae mi atención un acto en concreto: "Literatura Beatles", "Conferencia-coloquio a cargo de Jordi Tardá y Pete Best, primer batería de los Beatles. Concierto con la Pete Best Band."... Comienza en 15 minutos...

   Los organizadores tienen acondicionada al efecto una esquina del Palacio, un espacio cerrado de modo provisional al que han llamado Teatre Bertolt Brecht. Entro y tomo asiento en las últimas filas de sillas. Me sorprende la reducida concurrencia (unas cien personas) si tenemos en cuenta la envergadura que tuvieron y continúan teniendo los Fab Four. Hai gente absolutamente de todas las edades y clases, y poco a poco va  generándose un ambiente general que podríamos definir como de "buen rollo"; la conversación surge de manera espontánea, aun entre personas y grupos desconocidos hasta ese momento. A pesar de que los fans de los Beatles se cuentan por millóns, todos creemos compartir algo muy especial.

   Permanecemos a la espera unos minutos, hasta que, con puntualidad británica, van entrando en el escenario una serie de personas: primero una a quien identifico inmediatamente, se trata de Jordi Tardà, locutor, coleccionista, promotor artístico, y coordinador del acto; viene seguido de otra persona a quien no conozco (luego nos informan de que se trata de un experto en el tema). Mientras van apareciendo, las cabezas del público se mueven frenéticas de un lado a otro, estirando los cuellos, oteando para non perderse detalle... Fugaces bisbiseos: "és aquest?", "no", "quin és?", "calla!"... La tercera persona se hace esperar uns segundos, hasta que... ahí le tenemos!... a pesar de los años, el pelo blanco y una amenaza de calvicie, no resulta difícil reconocer al mito. Muy alto, encogido sobre sí mismo, una media sonrisa como cansada, mirada de reojo, y un característico leve balanceo simiesco que las sobadas fotos no puideron plasmar.

   Se sienta al lado del anfitrión clavando los codos en sus piernas, en una postura que pocas veces va a cambiar a lo largo del coloquio. Lleva en la mano una botella pequeña de agua, la levanta hacia el público iniciando un breve brindis, acompañado de un gesto de cabeza, pero nadie responde; desde el momento de su aparición no se oyen más que las lejanas voces abovedadas del Salón del Libro, y aún más lejos, el murmullo de la ciudad; parece que nadie respire...

   Es un momento mágico. Tenemos ante nosotros nada menos que a aquel que, por decisión ajena, sin derecho a réplica y ni tan siquiera "una pequeña ayuda de sus amigos", quedó clavado a las mismísimas puertas de la gloria, etiquetado como "el gran perdedor". Para siempre.

   En ese momento pasé de la compasión al respeto. Respeto por el hombre; por tener el valor de echarse su historia a las espaldas, presentarse ante nosotros, insaciables coleccionistas de espantapájaros, y satisfacer nuestro morbo contando una y otra vez su desgraciada historia: que fue el primer batería de los Beatles, entre 1960 y 1962, y que justo antes de que la beatlemanía cayese como un manto sobre el mundo mundial, un inesperado giro del destino decretó que el cuponazo non sería para él sino para Ringo Starr.

   Jordi Tardà rompe el espeso silencio con las primeras palabras de apertura y presentación, dando paso seguidamente al turno de intervenciones que han de configurar el anunciado coloquio, haciendo las veces de traductor.

   La primeira pregunta que sale del público se refiere a su valoración sobre la influencia que ejerció el productor George Martin sobre el grupo. A este respecto Best no añade nada que los aficionados no sepamos ya: que era un hombre, desde el punto de vista musical, con unos conceptos muy claros, etc.

   A pesar de que, por respeto, reprimo el instinto morboso de hacerle las preguntas fatídicas, no todos los asistentes están dispuestos a perder el viaje, así que la primera de ellas acaba por oírse:

- P/ "¿Cómo digirió que los Beatles prescindiesen de usted?". (Quien es capaz de formular una pregunta así, o es un despiadado o simplemente es que no da más).

   Pete Best, baja cansado la cabeza, inicia una levísima sonrisa, y por fin responde generosamente:
- R/ "Al principio fue muy duro, pero con el tiempo todo se va suavizando".
Una vez llegados a este terreno, las seguientes preguntas se precipitan solas, encadenadas... previsibles:

- P/ "¿Cuál fue la razón?".

- R/ "Esa es la pregunta que más veces me han hecho", dice. Según él quien le comunicó la noticia fue el manager, Brian Epstein, a quien por lo visto le costó mucho encontrar las palabras adecuadas. -"Un día, después de tocar en The Cavern..." explica, "...me llamó a su oficina y me dijo que los demás me querían fuera de la banda; que eso era todo. La razón que me dio fue que Ringo era mejor batería".
Dicho esto último, apoya de nuevo los codos en las piernas mirando al suelo, permanece callado unos instantes en esa postura, luego ladea la cabeza arqueando una ceja en un gesto muy característico suyo y asegura: "that isn't truth" ("eso no es verdad"), y todavía lo repite una segunda vez bajando un poco la voz.

- P/ "Cuál fue entonces la auténtica razón?"

   Elude contestar. Dice que está ya cansado de dar respuestas que ni él mismo conoce, que a día de hoy todo aquello carece de importancia, y que lo mejor es que nos concentremos en la actualidad, en el concierto que la Pete Best Band va a dar a continuación.

   Sobre este espinoso tema, son varias las razones que todos ellos han dado, dependiendo del interlocutor, por lo que, parece lógico deducir que, como en casi todo en la vida, non hay una única causa sino varias.

   La versión más extendida, quizás porque el mismo Pete, a pesar de la aparente prudencia exhibida durante el coloquio, se encargó de repetirla hasta la saciedad, se refiere a los supuestos celos que los demás sentían, debido a que él era el favorito de las fans.

   Se dijo también que Pete no acabó nunca de encajar en el grupo, que era de mente más lenta, menos ambicioso, menos estudiante. Que, al contrario de los demás, nunca tuvo el convencimiento de que aquello iba realmente en serio. Que estaba más por la labor de alternar y relacionarse que por el arte en sí.

   Además, según sus propias palabras (La Vanguardia, 22/11/06), parece ser que, debido a su afición a la juerga y a las mujeres, a menudo acostumbraba a faltar a ensayos y conciertos. Debido a esto, en numerosas ocasiones hubo de ser substituído por el mismo Ringo.

   Otra de las causas que se han barajado es la de que al productor, George Martin, no le gustaba su manera de tocar. Este parece ser el detonante más directo, de hecho, según la versión de MacCartney y Lennon, la cadena de acontecimientos fue la seguiente: Martin le comunicó a los Beatles (al margen de Pete) su intención de cambiar de baterista, insistiendo hasta convencerles, y éstos, por evitar una confrontación desagradable con Best, le encargaron la papeleta al manager, Brian Epstein.

   Si a todo lo anterior le añadimos cierto aire de autosuficiencia e incluso un ligero toque de fanfarronería simpática, que se percibe después de observar in situ a Pete Best (su forma de expresarse, sugerir sin dicir, moverse, tocar, etc.). Si mezclamos todo eso, agitamos y aderezamos con unas gotas de adolescencia, creo que podría salir un cóctel del que poder deducir con bastante fidelidad el ambiente y las circunstancias en las que acontecieron los hechos.

   En cualquier caso, según palabras de Lennon, "al principio no supuso ningún trauma especial para Pete; fue con el paso del tiempo que todo se magnificó", a raíz de la gran proyección del cuarteto. Si las cosas hubiesen sucedido al revés, es decir, si fuese Best quien hubiese alcanzado el éxito por su lado, y los Beatles se hubiesen quedado en el intento, es más que probable que él mesmo les hubiese dado las gracias por haberlo expulsado.

- P/ "Volvió usted a tener contacto con los Beatles después de aquello?"

- R/ "Cuando lanzaron Anthology me pidieron colaborar, pero desde entonces no volví a verles. Ya no queda nada de qué hablar con ellos"

   A los derechos millonarios por la edición de Anthology, en sus formatos CD y libro, hay que añadir los ingresos por el DVD Pete Best of The Beatles (2005), editado por él mismo, y por los libros The Beatles, The True Beginnings (2002), escrito juntamente co sus hermanos Roag y Rory; y The Best years of the Beatles (1999) co-escrito por Pete y el periodista Bill Harry.

   Por otro lado, el Casbah Coffee Club situado en un sótano del West Derby de Liverpool, donde los Beatles, todavía con el nombre The Quarrymen (aunque a veces, fuera de Liverpool, acostumbraban a cambiar de nombre), dieron sus primerísimos conciertos, recibió el Grado II en la recomendación de conservación de sitios históricos de la English Heritage (Herencia Británica). La designación implica que el local, hoy único en su especie, aún con sus equipos y piezas de arte originales, es de "arquitectura especial e interés histórico" y no puede ser derruído. El club había sido creado en su momento por Mona Best, madre de Pete, en el sótano de su casa de estilo victoriano, por lo que él es su actual propietario.

   Así que, a fin de cuentas, parece que Pete Best tiene más motivos para estar agradecido a los Beatles que no lo contrario.

   Se le formulan diversas preguntas más de tipo técnico que tienen que ver con la marca del instrumento utilizado por éste o aquél en tal o cual concierto; otras referentes a alguna que otra anécdota, en concreto la famosa que se cuenta sobre el hecho de haber sido deportados de Hamburgo por haber quemado un preservativo a la puerta de la sala en la que tocaban. Sobre esta última asegura que todo es absolutamente cierto, confesándose además culpable de aquella gamberrada.

- P/ "En la gira por Australia del año 1964, Ringo Starr fue substituído por Jimmy Nichols, a causa de una enfermedad. ¿Por qué no le llamaron a usted, teniendo en cuenta que era quien mejor conocía el repertorio del grupo, y quien mejor se podía adaptar a la forma de tocar de Ringo?"

- R/ "Quizás porque lo que querían en realidad era alguien que tocase como Ringo, no mejor". Risas y aplausos.

   Pasada media hora de coloquio y de forma repentina, se da éste por acabado. Jordi Tardà nos pide un poco de paciencia, que en breve comenzará el concierto.

   Nos hacen esperar durante media hora y a las 20:30 exactamente salen los miembros de la banda. La formación consta de seis integrantes: guitarra solista, guitarra rítmica, bajo, voz solista y dos baterías: una de ellas tocada por el propio Pete, y la otra por su hermano y manager, Roag, quien forma parte del grupo por cumplir un deseo expreso de su madre, Mona.

   Las bases (percusiones y bajo) están representadas por antiguos músicos del Liverpool de los 60, es decir que "estuvieron allí", y el resto (guitarras y cantante) son de nueva generación, todos ellos buenos cantantes que van interviniendo unas veces como solistas, y otras como coro.

   Pete nos anuncia el concierto como "un viaje en el tiempo hacia el genuino sonido del Liverpool de comienzos de los 60". Y así es. Su repertorio está integrado por aquellas canciones que constituyeran el repertorio habitual de los Silver Beatles, durante la época en la que él era todavía su batería. De esta forma, como sacadas del fondo de un baúl, van sonando: Roll over Beethoven, Rock'n'roll music, Twist & Shout, One After 909, Bésame mucho (con su curioso y característico "Cha-cha-pum")... También suena, como no podía ser de otra forma, My bonnie (la primera canción grabada por los Beatles, como grupo acompañante del cantante Tony Sheridan, en 1960), momento en el que todos los asistentes, invitados por el cantante, nos levantamos en un acto casi reverencial, para participar en la interpretación, que realizamos con su cambio de ritmo original (comezando como vals lento para continuar con un frenético twist).

   Tal como ya nos había avisado Pete, la banda recupera la vieja filosofía armónica que, entre muchas otras características, diferenció a los Beatles por encima de lo que se estaba haciendo en aquel momento, es decir: interpretaciones a trío, unas veces, y solista con un colchón coral de tres voces, otras.

   En general, la Pete Best Band, es un grupo con un potentísimo directo, formado por músicos que se agarran al escenario con una solvencia, seriedad y entrega renovadas que reclaman desde los primeros acordes el respeto de todos; sólo así es posible hacer saltar de sus asientos, a golpe de manidas piezas de museo, a un público, la mitad del cual comienza ya a tener dificultades para recuperarse de este tipo de atrevimientos nocturnos.

   Al hilo de la, inevitable, comparación artística de Pete Best con Ringo Starr, y aprovechando el privilegio de poder escucharle en directo; aun aceptando, en parte, las limitaciones que se le han achacado a Starr, pienso que Best carece de la unidad de estilo, el equilibrio y el sólido ritmo de aquél. Por otro lado, abusa en exceso de los platos, llegando por momentos a saturar el oído. Por no hablar de su actitud autosuficiente y distante del evento artístico y su falta de entrega, que contrasta con la fuerza irresistible del resto de la banda.

   En tres ocasiones, ejerciendo el papel de "reliquia", se levanta de su taburete para dirigir unas palabras al público. Las dos primeiras veces que lo hace se agradece, ya que, por causa de la ineficacia del técnico de sonido (ignoro si puesto por la organización), nuestros oídos sufren los efectos de una sonorización estridente y descompensada. En cambio, hacia la mitad del concierto, parece que por fin logra dar con el significado de las palabras Channel y Level, y aquello comienza a sonar de verdad.

   Pero justo cuando todos nos habíamos olvidado ya del protagonista y comenzamos a disfrutar del espectáculo, Pete vuelve a levantarse para realizar una tercera disertación, lo cual frena el ritmo del espectáculo. Este momento es aprovechado por Tardà para hacerle entrega de un regalo con velas incluídas, ya que, ¡damas y caballeros, Pete Best, delante de nuestros ojos, cumple 65 años! Apagado de velas con un único soplo, abrazos y aplausos. El concierto continúa de forma brillante, ya sin interrupciones, hasta la apoteosis final, en la que nadie permanece sentado ni quieto.

   La cola para los autógrafos y fotos non se hace esperar. De repente, no sé cómo nin de dónde, comienzan a aparecer viejas fundas de históricos vinilos descatalogados que sus propietarios esgrimen como tesoros protegidos con esmero, para ser sólo profanadas por la firma del mito salido de las tinieblas.

   Yo sólo tengo el programa de la Feria del Libro. No me parece digno para un Beatle, ni propio de alguien que, como yo, pretenda dar una imagen de tipo comprometido, alejado de las frivolidades del mundo. Así que opto por marcharme. ¿Acaso no basta con haber visto a los Beatles por 2 €?.

Con todo, creo que non hubiese estado de más haberme llevado una cámara...


Fuentes:
- The Beatles, Guía completa de canciones. W. J. Dowlding. Celeste. Madrid, 1995
- The Beatles, Antología. The Beatles. Ediciones B. Barcelona, 2000
- Los Beatles. Alain Dister. Ediciones Júcar "Los Juglares". Madrid, 1972
- The Beatles, complete scores. Hal Leonard Corporation. USA, 1993
- El primer batería de los Beatles afirma... La Vanguardia digital, 22/11/2006.
- John Lennon, o perfil do héroe melancólico. Camilo Franco. La Voz de Galicia, 9/12/2005.
- The Beatles. Wikipedia, la Enciclopedia Libre.




Publicaciones anteriores de este artículo:
· Vieiros -diario digital- (03/12/2006)

lunes, 11 de julio de 2011

El arte más bello...

<··· Ir a blog en galego

El más bello puede habitar en el ser más despreciable. He ahí su independencia, lejos de todo criterio objetivo. 
©esardelcano 

Yo creo que suele confundirse...

<··· Ir a blog en galego

Yo creo que suele confundirse el concepto "tener mucho ", con el hecho de tener mucho , pero no son lo mismo, ni de lejos. ©esardelcano

Un día oí decir...

<··· Ir a blog en galego

Un día oí decir a un director de que "el control del aire no tiene importancia para el ";
No, no me lo invento; e incluso tenía sus jaleadores.

Ángel

<··· Ir a blog en galego

Ángel llevaba un estetoscopio en el bolsillo de su chaqueta, una libreta de muelle espiral con extraños e imposibles pentagramas, y una batuta; dirigía a cantantes callejeros, con prosopopeya y arrogancia no exenta de cierta condescendencia patriarcal.
©esardelcano


(Historia inacabada)

Repito, sin saberlo...

<··· Ir a blog en galego

Repito, sin saberlo, pensamientos ya dichos; y permito que la inconsciencia de mi propia ignorancia alimente mi vanidad. ©esardelcano

Amanece, y en ese instante...

<··· Ir a blog en galego

Amanece, y en ese instante sin dueño, el presente, es!
©esardelcano  

La lluvia... esa niña...

<··· Ir a blog en galego

La lluvia... esa niña que desliza las lágrimas de su propia soledad! ©esardelcano 

Soy Jean-Baptiste Grenouille...

<··· Ir a blog en galego

Soy Jean-Baptiste Grenouille, agazapado en su cueva de la montaña; indeciso entre el arte o la claudicación final. ©esardelcano 

El concepto "cantar de diafragma"...

<··· Ir a blog en galego

El concepto "Cantar de diafragma" es erróneo. Únicamente los abdominales, intercostales y lumbares deben controlar el fiato.
©esardelcano 

El aplauso constituye un fin...

<··· Ir a blog en galego

El aplauso constituye un fin en sí mismo; incluso existen premios otorgados en base al número de aplausos recibidos ©esar